Si queres que te anotemos en la lista de invitados escribi a: asensiomariela@gmail.com con tu nombre, cantidad de entradas y dia de funcion a la que queres ir. Funciones: viernes 23 hs. Teatro La comedia. Rodriguez Peña 1062

sábado, 29 de agosto de 2009

AUTÉNTICO, humor sin hipocresías


Un Muscari en su salsa y a mil por hora

No por haber pisado la avenida Corrientes, o por estar en una sala convencional, José María Muscari (Crudo y En la cama, entre otras) deja de hacer cosas inherentes al teatro off. Es claro que ha sido su cuna, de la cual no sólo no reniega sino que hasta lo enorgullece. Aun hoy, el autor, director y actor no tiene problema alguno en ejercer cualquiera de estas actividades mientras reparte volantes al mismo tiempo. También, sin ambages, aclara con insistencia que la función no es gratuita sino “a la gorra”. El mensaje es “poné algo cuando salgas”. Lo cierto es que en el balde que sostienen los integrantes del elenco caen billetes variados, pueden ser de 2 pesos, pero también de 50. Considerando que en el off las entradas oscilan entre 20 y 30 pesos, no debe hacer un mal promedio. Muscari sabe como seducir al público. Con su juego que siempre es algo transgresor, su simpatía natural, su notable picardía, su imparable creatividad para hacer llegar el mismo discurso en diferentes envases, este enfant terrible es de una energía envidiable.

Cinco personajes muy distintos –en estilos, preferencias sexuales y talentos-, bien definidos por ellos mismos y, con cierta ironía, por sus compañeros, aparecen en el escenario desde antes del comienzo para cantar, bailar, monologar, dialogar o montar un improvisado discurso coral que deja siempre una reflexión contra cualquier tipo de discriminación. Lo hacen justamente mofándose uno del otro, como un reflejo y una muestra de algo que sucede en la vida cotidiana y que parecería no perceptible, pero sin embargo hiere sentimientos sin razón e hipócritamente. Por eso los personajes tienen sus propios nombres y apellidos. Por eso se mezcla sin fronteras la realidad y lo teatral.

A la mujer heterosexual –Mariela Asensio (Mujeres en el baño)-, su macho -Héctor Bordoni- le ha “llenado la cocina de humo” (esto es real, está embarazada), pero ella es feminista ferviente pues cree en la igualdad. Un gay morrudito -Diego Rinaldi- se siente molesto pues otros gays le han puesto el mote de “oso” y él reniega de su gordura y su pilosidad. Ella le asegura que, de todos modos, es “oso”. El quiere simplemente ser más flaco, y hay un flaquito –Emiliano Figueredo- que lo trata de ballena. Otro –el mismo Muscari- se jacta de sus orgasmos por doquier y en toda circunstancia, mientras se burla de los machos héteros que tienen problemitas para la eyaculación. El flaquito vuelve a la carga diciéndole a la única mujer del elenco que no tiene tetas mientras ella insulta abiertamente su sexualidad, aunque pide que no se refieran a su persona en términos sexistas. En tanto, el único hétero confiesa su horrible experiencia sexual con una gorda en una cancha de paddle. El flaquito comenta que la disco gay es para el un club social y se prende en la marcha del orgullo, pero odia los cruceros gay y lo gay friendly, aunque le gusta pintarse y jugar con su parte femenina. Mientras, el otro gay dice que ese tipo de gays lo avergüenza, y ensalza a Marcelo Tinelli. El flaquito dedica una canción a todos los que alguna vez se enamoraron de él. Ella, podrida de todo, observa que el machismo y el feminismo no son “lo mismo pero al revés”. El hétero habla de poluciones nocturnas desde sus once años. Se atacan, se defienden, se vituperan, se quieren, se agreden, se apoyan, se encienden, se apagan.

La dirección ha marcado con mucha precisión los roles, gestos, tonos y movimientos del parejo elenco. Sin embargo, sobresale el trabajo de Emiliano Figueredo, con natural histrionismo, elocuencia gestual, divertidos movimientos, y una portentosa emisión vocal. El ritmo del espectáculo es vertiginoso. Efectos multimedia se mezclan con la lograda iluminación y el llamativo vestuario que por momentos desaparece dejando entrever desnudos cuerpos. Muscari –lo afirma como un decreto- no quiere luchar por los derechos de nadie, de ningún grupo, no quiere nada de nada. Ese es su personaje, ese es él. Así es su mundo, auténticamente.

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